La estispicina o extispicina o hepatoscopia es una antigua práctica de la adivinación que consiste en el análisis de las entrañas de los animales sacrificados (especialmente cabras y aves de corral). La literatura antigua muestra que la extispicina se practicaba antes de partir hacia la guerra o una batalla. La práctica cayó en desuso y fue prohibida con la aparición del cristianismo.

Los babilonios ya practicaban esta mancia alrededor del 3000 antes de Cristo, mediante la inspección de las entrañas de los animales, en su mayoría cabras con características físicas especiales. El hígado fue considerado como el lugar de origen de la sangre y de la vida misma. También se examinaban  la vesícula biliar y el apéndice. Si la vesícula biliar se agrandaba por su lado derecho, podía ser una indicación de un aumento próximo de la fuerza militar del soberano, mientras que más grande por la izquierda, podía considerarse la predicción de una derrota. Un conducto biliar longilíneo predecía una vida larga de las personas solicitantes de la adivinación.

El extispicium de los etuscos

Este método de adivinación se extendió Babilonia a la península italiana, donde lo adoptaron los etruscos. La extispicina  se convirtió en la práctica que se usaba para averiguar la voluntad de los dioses y formaba parte de un ritual que los romanos llamaban extispicium.

El augur, llamado estispicio, elegía un animal, por lo general una oveja o cabra, y procedía a su sacrificio.  Además del examen del hígado y de los intestinos, también era importante el comportamiento de la bestia durante el sacrificio, la cantidad de sangre derramada y el tiempo necesario para expirar. Después de un cuidadoso examen (en el que pudieran participar otras mancias), el animal se quemaba en un altar a fin de extraer la última adivinación del color de la llama del sacrificio  y del comportamiento del humo.